Origen. De la adrenalina a la oxitocina. Natalia Roca

El parto puede ser un acto de soberanía personal, de placer y de autocuidado para las mujeres y personas gestantes. Cuando se elige la maternidad, y ésta pasa por el cuerpo desde el embarazo, el momento de parir es muchas veces espacio de múltiples violencias físicas y psicológicas. La despersonalización, ciertas intervenciones innecesarias y otras prácticas sistematizadas tienden a interrumpir lo primitivo del proceso, condicionando la experiencia de quien pare y, además, de quien nace; predisponiendo su forma de vincularse y de responder: desde la calma y el amor, o desde la huida y la lucha.

Del parto institucionalizado a la labor ancestral y actual de las parteras, el recorrido de Natalia Roca reconoce cada instancia, cada posible; tanto el sello inconsciente que se imprime al nacer, como la reparación consciente de violencias vividas y el gozo profundo que puede ser parir.
Este proyecto fotográfico es una reflexión sobre formas, lugares y tiempos del parir y del nacer, y sobre las maneras en las que estos hechos son percibidos, ejercidos y representados. Origen propone también preguntarse por el propio nacimiento y cómo desde ese día nos comunicamos y accionamos o reaccionamos en nuestras relaciones, tomando en cuenta que cambiando los modos de nacer podrían cambiar los modos de vivir.

La autora

Parí a mi primer hijo en una clínica privada. En aquel entonces, con poca información, me entregué a los protocolos médicos sin mucho cuestionamiento sobre las prácticas que llevarían a cabo en el proceso de parto. Aquella experiencia, que sólo pude comprender a través del tiempo, estuvo signada por la violencia obstétrica.
Mis siguientes dos hijes, diez años después, nacieron en casa con mi compañero y una partera. Los partos domiciliarios son una alternativa donde se acompaña desde una perspectiva holística, recuperando el protagonismo de madre e hije, y poniendo atención tanto en la fisiología como en aspectos emocionales y espirituales.
A lo largo de siete años documenté más de 46 nacimientos, en hospitales y en domicilio. Las imágenes estuvieron disponibles en diversos ámbitos, publicaciones y muestras, como aporte activista por el derecho al parto respetado.
Al mismo tiempo, me formé como doula y acompañé. Atravesé situaciones difíciles, violentas, emotivas, amorosas y mágicas. Armando mi árbol genealógico encontré en un viejo álbum familiar la imagen del nacimiento de mi madre: en casa y con una partera.
Pocos han sido entonces los años que pasaron desde que entregamos ese momento tan íntimo a una cadena de montaje que responde a pautas y ritmos de un sistema de salud mercantilista. Es tal la magnitud, la potencia de dar a luz libre y responsablemente, en plena conexión con nuestro cuerpo, y lo inmensamente poderosas que nos sentimos habiendo atravesado una experiencia así, que me pregunto: ¿cómo es posible que hayamos entregado tanto poder?

Este proyecto surge como grito, como búsqueda, como posibilidad y también como pregunta.

Natalia Roca
Córdoba, diciembre de 2019

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